en un bosque sin sol y sin luna.
Las estrellas no guían,
y no uso brújula porque el fin
siempre fue que no me encuentren.
En los árboles asoma el color del otoño,
mientras ellos lloran suavecito
y el amarillo de las hojas
parece romperse
el viento es tan frío
que quema.
Pero no tanto como el sol
que ni siquiera veo.
Y ahí es donde decido perderme,
en un atardecer con grises y destellos
que jamás llegan a encandilarme.
¿Quién sería tan tonto de venir
a buscar amor en el bosque?
Si debajo de este cielo,
detrás de los árboles,
simplemente cae el sol..
Y ya no hay amarillos.

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